La vida es algo admirable, dentro de una ciudad pueden existir miles de personas y no coincidir en el mismo sitio ni una sola vez. Algo similar nos ocurrió... Durante cuatro años estuvimos distanciados, mas no perdimos contacto. Una fecha especial siempre es el pretexto idóneo para empezar una buena charla.
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En este punto de la vida, nunca faltó el respeto y el sentimiento de amor adolescente. Era y seguirá siendo mutuo. Dicen que aquellos que creen en la magia están destinados a encontrarla, y exactamente por un acto de magia estábamos nuevamente entrelazando nuestras manos, con personalidades totalmente renovadas.
Iniciamos la etapa de la madurez, pero con el mismo sentimiento juvenil, ese que nos hizo estar en lugares y compartir momentos que ninguno pensaba estar. Casi siete años después, decidimos escribir un nuevo capítulo en nuestra historia. Ese capítulo es el de compartir el resto de nuestras vidas juntos.
Compartir nuestro amor que día a día crece como aquel roble que empezó pequeño y no tan frondoso, pero que con el pasar de los años se convirtió en aquel árbol imponente y majestuoso. Cada momento es mágico, nuestra historia apenas empieza.